Una mujer y un hombre están sentados en el sofá blanco. La habitación tiene una escalera, una mesa de centro con vidrio y un jarrón con ramas blancas.

En el sofá

Ella lleva un top naranja y unos shorts vaqueros. Un tatuaje asoma en su antebrazo. Él lleva una camiseta rosa y unos vaqueros rotos. Sus brazos están tatuados y tiene un piercing en la nariz.

Sus cuerpos no se tocan. Hay espacio entre ellos sobre el sofá. Miran hacia el frente, en la misma dirección. Ninguno se mueve.

Ella está sentada en el sofá y él está sentado en el sofá

Pasan los primeros minutos.

Luego ella gira la cabeza hacia él. Él no cambia de postura. Sigue mirando al frente.

Ella extiende el brazo. Su mano con el tatuaje se posa sobre el muslo de él, sobre la tela rasgada del vaquero.

Él no aparta la mirada. Ella tampoco la mueve. Su mano permanece allí.

Su mano en él

Su mano derecha está en su muslo. Sus dedos se mueven hacia arriba por la tela rasgada de los vaqueros.

La mano encuentra el bulto. La palma se apoya. Los dedos se cierran.

Ella aprieta. Él no se mueve.

Ella desabrocha el botón. Baja la cremallera. Mete la mano dentro.

Saca su miembro. Lo sostiene con la misma mano.

Lo frota con suavidad. Luego con más fuerza. Él respira hondo.

Ella se inclina. Su espalda forma un arco sobre él.

Su boca se abre. Sus labios tocan la punta.

Ella lo besa. Un beso pequeño y húmedo.

Luego otro. Más abajo.

Después introduce la punta en su boca. La sostiene allí.

Sus labios se cierran. Ella hace un movimiento con la cabeza. Hacia delante y hacia atrás.

Su mano sigue en la base. Bombea al ritmo de su boca.

Él levanta una mano. La deja caer sobre el brazo del sofá. Los dedos se agarran a la tela blanca.

Un descenso

Las ramas blancas en la vasija reflejan la luz tenue. La habitación es un cubo de límites precisos. El sofá blanco ocupa el centro, una plataforma baja. No hay más lugares. La escalera conduce a un piso superior que no se usa. La mesa de cristal sostiene la vasija y nada más. El espacio permite el movimiento entre el sofá y el suelo. No permite la huida.

Él se desplaza. Su cuerpo se desliza desde el cojín hasta arrodillarse en la alfombra frente al sofá. La madera del suelo cruje bajo sus rodillas. Ella permanece tendida. Sus piernas se abren un poco más. La palma de su mano derecha presiona el terciopelo blanco. Su torso se arquea de manera casi imperceptible cuando la boca de él toca su piel, justo por encima del borde de los shorts vaqueros. El aire en la habitación es estático. No circula.

La secuencia de actos se condensa en un intervalo breve. Un orden se establece.

Cuándo Qué pasó Qué cambió después
En el primer momento Él baja de la superficie del sofá. Su figura se interpone entre ella y la mesa de centro.
Un instante después Sus labios rozan la tela blanca de sus bragas. La respiración de ella se contiene por un segundo.
Pasados unos segundos Él aparta la tela con los dientes. La piel de su vientre queda expuesta al aire de la sala.
Al final de este movimiento Su boca se posa directamente sobre su piel. Ella levanta ligeramente las caderas para encontrar el contacto.

Después de la última entrada en la tabla, la posición se mantiene. Los brazos de él se extienden a lo largo de los muslos de ella. Sus manos agarran la tela de los shorts, anclándolos. La nuca de él se curva. La boca no se separa. Ella no mira hacia abajo. Su vista se fija en el techo blanco. Su mano izquierda se arrastra por el brazo del sofá hasta agarrar el borde con fuerza. Los dedos se le ponen blancos. La otra mano permanece abierta sobre el cojín. La quietud no es total. Un leve balanceo recorre el cuerpo de ella, un movimiento rítmico y mínimo que responde a la presión constante de la boca de él. La habitación no emite sonido. Solo el crujido ocasional del sofá bajo el peso que se redistribuye.

El siguiente cambio comienza desde ella. Su cuerpo se eleva del terciopelo unos centímetros. Es una señal. Él responde al movimiento. Interrumpe el contacto. Levanta la cabeza. Sus miradas se cruzan por primera vez desde que comenzó este descenso. Ella mantiene la posición, suspendida. Él asiente con la cabeza, un gesto casi invisible. Luego se incorpora sobre sus rodillas. Sus manos sueltan la tela vaquera y se posan en las caderas de ella. Las yemas de sus dedos se hunden en la piel. La ayuda a girar.

La transposición

Ella se levanta del sofá. Se coloca sobre él, que sigue tendido. Sus muslos rodean sus caderas.

El nuevo eje

Su cuerpo se alinea sobre el de él. Se sostiene con las manos en su pecho. La tela rosa de su camiseta se arruga bajo sus palmas.

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Baja la cadera. Se encuentra con él. Un movimiento lento, de ajuste. Luego otro, ya decidido.

El ritmo establecido

Ella comienza a moverse. Un balanceo hacia adelante y atrás. Su espalda se arquea a veces.

Él yace. Sus manos, con tatuajes, se posan en sus caderas. No las mueve. Solo sienten el vaivén.

Así se mantienen. La posición no vuelve a cambiar en los minutos siguientes. El centro de la habitación es ahora ese punto donde sus cuerpos se unen.

Al principio Al final
Él permanece acostado en el sofá. Él sigue acostado bajo ella.
Ella se arrodilla sobre sus caderas. Ella cabalga con un ritmo constante.
Su camiseta rosa cubre su torso. Su camiseta rosa se ahueca sobre el pecho.
La luz da en el vidrio de la mesa. La luz sigue dando en el mismo vidrio.

Nada más se mueve en la sala. Solo ese balanceo. Un péndulo de carne y tela vaquera.

Alrededor, quedan quietas otras cosas:

  • El sofá blanco soporta su peso.
  • La escalera conduce a la nada.
  • El cristal de la mesa refleja un techo.
  • Las ramas blancas en la vasija.
  • Los shorts desgastados en el piso.
  • Una sombra larga junto a la pared.

En el cuello

Él está sobre ella. La base de su mano derecha presiona su garganta. Sus dedos se curvan hacia el lado de su cuello. La presión es constante. Ella yace inmóvil bajo él. Su respiración es superficial. La boca entreabierta.

Ella levanta las manos. Las coloca sobre sus brazos. No empuja. Sus dedos se cierran alrededor de sus músculos. Las uñas no se hunden en la piel. Se aferra.

Él ajusta el peso. El movimiento es leve. Un balanceo hacia adelante. La presión en su cuello no cede. Ella arquea la espalda. Un arco tenso que se eleva del sofá blanco. Su pecho se acerca al suyo. El aire sale de sus pulmones en un suspiro silencioso.

Mantienen la posición. Los segundos pasan. La habitación permanece en silencio. La luz se refleja en la superficie de la mesa de cristal. Las ramas blancas en la vasija son estáticas.

Él retira la mano.